Estás todo el día haciendo cosas. Vas de un sitio a otro, cumpliendo con tareas, cuidando a los demás y posponiendo lo que tú sientes. Hasta que un día, el cuerpo dice basta. Puede que no sea un dolor fuerte o una lesión clara. A veces es una tensión constante en el cuello, insomnio, digestiones pesadas o una sensación de estar como apagada. Lo primero que quiero decirte es que no estás exagerando. Tu cuerpo no miente. Cuando empieza a enviar señales, aunque parezcan pequeñas, es porque algo necesita cambiar. Vivimos en un ritmo que no da espacio para escucharnos, pero eso no significa que no debamos hacerlo.
Una señal muy común que veo en consulta es esa sensación de fatiga que no se va, aunque duermas bien. Es ese cansancio que no solo es físico, es mental, es emocional. Vas acumulando tensiones y responsabilidades hasta que ya no sabes si lo que sientes es tuyo o es parte del ritmo que te arrastra. A eso se suma la presión de estar siempre bien, de no quejarse, de seguir. Pero el cuerpo siempre encuentra la forma de que lo escuches, incluso si tiene que gritar a través de molestias físicas o bajones de energía.
Otra señal clara es cuando empiezas a desconectarte de ti misma. Sientes que haces las cosas en automático, que ya no te emocionan ciertas cosas, que te cuesta disfrutar. A veces ese vacío viene acompañado de dolores musculares difusos, tensión mandibular o contracturas que vuelven una y otra vez. Y entonces lo normalizas. Dices que es el estrés, que ya pasará. Pero no pasa, porque el cuerpo sigue esperando que pares un momento a preguntarte: ¿cómo estoy de verdad?
En consulta suelo trabajar con mujeres que llegan sin saber del todo por qué se sienten mal, pero sienten que algo no está bien. Muchas me dicen que están bien físicamente, que no tienen una lesión concreta, pero sienten que su cuerpo está pidiendo otra cosa. Y ahí es donde entra la fisioterapia desde un enfoque más integral. No se trata solo de estirar un músculo o aliviar una contractura. Se trata de crear un espacio donde puedas volver a sentir tu cuerpo con respeto, sin exigencias y sin tener que justificar por qué te sientes como te sientes.
Detrás de una tensión en la espalda puede haber una carga emocional. Detrás de una fatiga puede haber un cuerpo que lleva demasiado tiempo sosteniendo sin apoyo. Cuando lo vemos así, entendemos que cuidar el cuerpo no es una cuestión estética ni algo que se hace solo cuando hay dolor agudo. Es una forma de volver a ti, de recuperar espacio interno, de frenar un poco en medio del caos diario.
A veces basta con darte permiso para parar, para no hacer nada, para descansar sin culpa. Y otras veces hace falta acompañamiento, ejercicios suaves, masajes, respiración consciente. Lo importante es que sepas que hay formas reales y accesibles de sentirte mejor sin tener que exigirte más. El cuerpo responde cuando lo tratas con amabilidad. No te pide perfección, solo presencia. No te pide soluciones mágicas, solo escucha.
Así que si últimamente sientes que estás desconectada, que te cuesta descansar de verdad o que tu cuerpo se siente pesado, es momento de mirarlo con otros ojos. No estás sola ni eres la única que lo vive. Es más común de lo que parece, solo que nadie nos enseñó a poner palabras a lo que sentimos dentro. Aquí estoy para ayudarte a hacerlo, sin presión, sin exigencias, con cercanía y escucha real. Tu cuerpo merece ese espacio, y tú también.