¿Qué es el suelo pélvico y por qué cuidarlo cambia tu vida?

Muchas veces no sabemos que el suelo pélvico existe hasta que nos da problemas. Hoy quiero contarte qué es, para qué sirve y cómo empezar a cuidarlo con calma y conciencia.

Cuando una mujer llega por primera vez a consulta y hablamos del suelo pélvico, muchas veces me dice que nunca había oído hablar de él. Otras veces ha escuchado algo, pero piensa que solo se trata después del parto. Y la verdad es que no, el suelo pélvico forma parte de tu bienestar desde siempre. Es un conjunto de músculos y tejidos que dan soporte a órganos como la vejiga, el útero y el recto. Están en la base de tu pelvis, trabajando en silencio mientras caminas, toses, ríes o te mueves. Cuando funciona bien, no lo notas. Pero si hay tensión, debilidad o desequilibrio, los síntomas aparecen: escapes involuntarios de orina, dolor en relaciones sexuales, presión en la zona baja, incluso molestias digestivas. Lo grave es que muchas veces lo normalizamos o nos da vergüenza hablar de ello.

Entender el suelo pélvico es empezar a mirar tu cuerpo desde otro lugar. Es dejar de verlo por partes y empezar a sentirlo como un sistema que se conecta. En consulta, lo primero que hacemos es escuchar tu historia: no hay cuerpos iguales, no hay tratamientos estándar. Cada experiencia de parto, cada cirugía, cada hábito postural o emocional deja huella. Por eso mi enfoque siempre es desde lo que tú sientes, no desde lo que debería ser. Trabajamos juntas con técnicas suaves, desde la exploración externa y, si lo necesitas, interna, pero siempre con respeto absoluto a tus límites. Nada es invasivo ni automático. Aquí tú decides cada paso.

Además, cuidarlo no significa que tengas que hacer miles de ejercicios complejos. A veces el trabajo más profundo empieza por reconectar con esa zona, por visualizarla, por tomar conciencia. También hablamos de cómo te sientas, cómo vas al baño, cómo respiras. Todo cuenta, porque el suelo pélvico no vive aislado. Se relaciona con tu abdomen, tu diafragma, tu postura, incluso con tu estado emocional. Muchas mujeres llevan años con ansiedad o tensión y no saben que esa carga se refleja justo ahí. Por eso este trabajo también implica liberar, soltar, escuchar sin miedo.

Una cosa que quiero que tengas clara: cuidar esta parte de ti no es un lujo, es una necesidad. Es prevención, es salud, es calidad de vida. No tienes que esperar a tener síntomas graves ni vivir con incomodidad. A veces, solo necesitas información clara y un espacio seguro donde preguntar sin sentirte juzgada. Desde mi experiencia, cuando empiezas a conectar con tu suelo pélvico, algo cambia también en cómo habitas todo tu cuerpo. Ganas seguridad, fuerza, equilibrio. Y sobre todo, dejas de ver tu cuerpo como un problema y empiezas a verlo como un aliado.

Si te sientes identificada, si has notado molestias o simplemente quieres entender más, te invito a que vengas. Vamos paso a paso, desde el respeto y la cercanía. No hay cuerpos rotos ni mujeres débiles, solo historias que necesitan ser escuchadas con atención. Y eso empieza por ti.